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¿Cómo mejorar el confort térmico sin disparar el consumo energético?

El confort térmico en invierno es uno de los mayores retos en viviendas y edificios en España. A medida que bajan las temperaturas, la calefacción se convierte en un elemento imprescindible para garantizar el bienestar de las personas, pero también en una de las principales causas del incremento del consumo energético y, en consecuencia, de la factura mensual.

Este aumento no solo tiene un impacto económico en los hogares y comunidades de propietarios, sino también un efecto medioambiental, ya que gran parte de las instalaciones térmicas aún dependen de combustibles fósiles como el gas natural o el gasóleo. Esto se traduce en mayores emisiones de CO₂, que contribuyen al cambio climático y dificultan el cumplimiento de los objetivos de descarbonización marcados por el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030.

La clave, por tanto, está en encontrar un equilibrio: mantener un hogar cálido y confortable sin disparar la factura energética ni comprometer la sostenibilidad.

¿Qué entendemos por confort térmico en invierno?

Cuando hablamos de confort térmico en invierno solemos pensar únicamente en encender la calefacción hasta alcanzar una temperatura determinada. Sin embargo, el confort es un concepto más amplio y depende de varios factores que interactúan entre sí. Comprenderlos es fundamental para saber por qué, en ocasiones, aun con la calefacción encendida, seguimos teniendo sensación de frío o incomodidad.

Factores que determinan el confort térmico

  1. Temperatura del aire interior
    El rango recomendado, según el IDAE, se sitúa entre 20 °C y 22 °C durante el día y en torno a 18 °C – 19 °C por la noche. Superar estos valores no aumenta proporcionalmente el confort, pero sí eleva el consumo energético, ya que cada grado por encima de estos rangos puede suponer un incremento estimado del consumo del 7-8 %. 
  2. Temperatura radiante de las superficies
    No basta con calentar el aire: si las paredes, suelos o ventanas están frías, el cuerpo percibe una sensación térmica inferior. Por eso, los edificios mal aislados suelen resultar incómodos aunque el termostato marque una temperatura correcta.
  3. Humedad relativa
    Un ambiente demasiado seco provoca sequedad en la piel y las vías respiratorias, mientras que un exceso de humedad genera sensación de frío y condensaciones. El nivel óptimo se encuentra entre el 40 % y el 60 %.
  4. Calidad del aire interior
    La renovación de aire es clave para garantizar la salud y el confort. Ventilar brevemente cada día ayuda a mantener una buena calidad del aire sin comprometer el rendimiento energético.
  5. Distribución uniforme del calor
    En muchos edificios con calefacción centralizada, existen estancias demasiado calientes y otras frías. Una distribución homogénea es esencial para hablar de verdadero confort.

El reto en los edificios españoles

En España, gran parte del parque edificatorio fue construido antes de la aprobación de normativas de eficiencia energética. Esto implica que muchas viviendas carecen de aislamiento adecuado, dependen de sistemas térmicos antiguos y, en consecuencia, sufren un elevado consumo energético para alcanzar niveles aceptables de confort térmico en invierno.

De ahí la importancia de actuar en tres niveles: mejorar los hábitos de uso, reforzar el aislamiento de los edificios y modernizar las instalaciones térmicas mediante tecnologías más eficientes y sostenibles.

Hábitos sencillos para ahorrar energía en invierno

Antes de pensar en grandes inversiones, conviene recordar que el primer paso hacia la eficiencia energética comienza en nuestro día a día. Los hábitos de uso de la calefacción y la manera en que gestionamos la vivienda influyen directamente en el confort térmico y en la factura.

Adoptar rutinas responsables puede suponer un ahorro energético de hasta el 15 %, sin renunciar al bienestar en casa.

Regular la temperatura de forma inteligente

Uno de los errores más comunes es ajustar la calefacción a temperaturas excesivas. Mantener el termostato en 20 °C o 22 °C durante el día es suficiente para la mayoría de personas. Por la noche, especialmente en dormitorios, puede reducirse a 17 °C – 19 °C para favorecer un descanso saludable y reducir el gasto energético.

Cada grado adicional por encima de estos valores incrementa el consumo de calefacción entre un 7 % y un 8 %.

Aprovechar el calor natural del sol

Durante las horas de mayor radiación solar, abrir persianas y cortinas permite que los rayos de sol calienten las estancias de manera gratuita. Por la noche, cerrar persianas y cortinas ayuda a retener ese calor y reducir las pérdidas.

Ventilar de forma eficiente

La ventilación es imprescindible para mantener la calidad del aire interior, pero hacerlo de forma inadecuada dispara el consumo.

  • Lo ideal es ventilar 5-10 minutos con ventanas abiertas de par en par, creando corriente cruzada.
  • Así se renueva el aire sin que las paredes y superficies se enfríen en exceso, lo que obligaría al sistema de calefacción a trabajar más.

Vestir la vivienda de invierno

Más allá de la calefacción, ciertos elementos ayudan a mantener el confort térmico en invierno:

  • Alfombras y cortinas gruesas, que reducen pérdidas de calor por suelos y ventanas.
  • Puertas cerradas en estancias no utilizadas, para concentrar el calor en los espacios habitados.
  • Ropa adecuada en el hogar, que permite mantener temperaturas de calefacción moderadas sin perder sensación de confort.

Programar la calefacción

El uso de termostatos programables o inteligentes permite adaptar la temperatura a los horarios de la vivienda.

  • Programar la calefacción para que se encienda poco antes de llegar a casa evita mantenerla encendida todo el día.
  • Reducir la potencia en horas de menor uso es una de las formas más simples de reducir el consumo energético en invierno.

Estos hábitos, aunque sencillos, son el primer paso hacia un hogar eficiente y confortable. Si se combinan con mejoras en el aislamiento y con la modernización de las instalaciones, el impacto en el ahorro y en el confort térmico en invierno es aún mayor.

Aislamiento térmico: la base del confort

El aislamiento térmico es el pilar fundamental para mantener el confort en invierno sin necesidad de aumentar el gasto energético. De poco sirve contar con un sistema de calefacción eficiente si el calor se escapa por ventanas, fachadas o cubiertas mal protegidas.

En España, gran parte del parque de viviendas fue construido antes de la entrada en vigor de normativas de eficiencia energética, lo que explica que muchos edificios presenten graves pérdidas de calor. Se estima que:

  • Hasta un 30 % del calor se pierde por los techos y cubiertas.
  • Entre un 25 % y un 30 % se escapa por ventanas y cerramientos.
  • Un 20 % adicional se pierde por las fachadas.

Soluciones prácticas para mejorar el aislamiento

  • Ventanas con doble o triple acristalamiento, que reducen pérdidas y mejoran también el aislamiento acústico.
  • Rehabilitación de fachadas y cubiertas, con técnicas como el SATE o el insuflado de aislantes en cámaras de aire.
  • Sellado de puertas y juntas, un gesto sencillo que evita infiltraciones de aire frío y mejora de inmediato la sensación térmica.

Beneficios del aislamiento en invierno

Un edificio bien aislado puede reducir hasta un 60 % el consumo de calefacción, logrando un ambiente más confortable y homogéneo en todas las estancias. Además, mejora la certificación energética del inmueble y lo hace más atractivo en el mercado.

Pero, sobre todo, el aislamiento permite que tecnologías modernas como la aerotermia o los sistemas híbridos de Remica trabajen en condiciones óptimas, maximizando el ahorro y la sostenibilidad.

Invertir en aislamiento no solo supone pagar menos en la factura, sino también garantizar un invierno más confortable y eficiente.

Individualización de consumos en calefacción central

En muchos edificios con calefacción central, todos los vecinos pagan un gasto común, sin importar la energía que consumen realmente. Esto genera desigualdad y derroche energético, ya que quienes consumen menos acaban subvencionando a quienes más utilizan la calefacción.

La individualización de consumos soluciona este problema instalando repartidores de costes y válvulas termostáticas en cada radiador. Así, cada vivienda paga solo por la energía que utiliza, como sucede con la electricidad o el agua.

Los beneficios son claros:

  • Ahorro y equidad: cada familia paga lo que consume, evitando conflictos.
  • Confort personalizado: cada hogar regula su temperatura de forma independiente.
  • Menor impacto ambiental: al consumir menos energía, se reducen las emisiones de CO₂.

Además, la normativa europea de eficiencia energética ya exige sistemas de medición individual siempre que sea viable. En Remica, llevamos años implantando soluciones de individualización que permiten a los vecinos disfrutar de un mayor control, ahorro y libertad en el uso de su calefacción.

Plan Remica Hybrid Coste Cero: confort y eficiencia sin derramas

El Plan Remica Hybrid Coste Cero es una solución integral para la modernización de instalaciones térmicas en edificios con calefacción y agua caliente central. Su principal ventaja es que permite a las comunidades de propietarios renovar su sistema sin necesidad de derramas, gracias a un modelo de financiación basado en Certificados de Ahorro Energético (CAE) y deducciones fiscales y subvenciones que compensan la inversión inicial.

El sistema combina aerotermia y energía solar fotovoltaica con las calderas existentes, creando un modelo híbrido que aprovecha fuentes renovables para cubrir gran parte de la demanda térmica del edificio. La aerotermia extrae energía del aire exterior mediante una bomba de calor de alta eficiencia, mientras que la instalación fotovoltaica genera electricidad para alimentar tanto el sistema térmico como los consumos comunes del edificio.

Gracias a esta integración, el Plan Remica Hybrid Coste Cero reduce significativamente la dependencia de los combustibles fósiles y mejora la eficiencia global de la instalación. Además, garantiza un confort térmico continuo las 24 horas, con mínimas oscilaciones de temperatura entre viviendas, lo que se traduce en una mayor sensación de bienestar y equilibrio térmico en todo el edificio.

Entre sus principales beneficios destacan:

  • Eficiencia energética superior: puede alcanzar hasta un 60 % de ahorro en el consumo de energía respecto a los sistemas convencionales, un 80% si se realiza una intervención en la envolvente del edificio.
  • Confort térmico constante: esta tecnología mantiene una temperatura estable en todas las estancias, eliminando los picos de frío o calor habituales en sistemas tradicionales.
  • Amortización sin inversión inicial: los ahorros generados por el sistema y los incentivos disponibles permiten ejecutar el proyecto sin coste directo para los propietarios.
  • Contribución a la descarbonización: al reducir el uso de gas o gasóleo, disminuyen las emisiones de CO₂ y se avanza hacia los objetivos de sostenibilidad marcados por el PNIEC 2021-2030.
  • Revalorización del inmueble: la mejora de la eficiencia energética aumenta la calificación energética del edificio y su valor en el mercado.

Con este plan, Remica impulsa una transición energética real y accesible, ofreciendo a las comunidades de vecinos una alternativa viable para disponer de un sistema más eficiente, sostenible y confortable, sin necesidad de realizar grandes desembolsos económicos.

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El Plan Remica Hybrid Coste Cero incorpora la aerotermia y la energía solar fotovoltaica a las calderas existentes,
lo que optimiza y moderniza la instalación.

Las energías renovables consiguen que disfrutes de calefacción 24 horas, generando un ahorro energético de hasta el 60%

Gracias a las deducciones fiscales actuales, los Certificados de Ahorro Energético (CAE) y el ahorro de energía que genera el sistema, la inversión se amortiza sin derramas.